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La adolescencia es una etapa evolutiva apasionante en la que se producen cambios importantes a nivel físico, psicológico y social.

El niño/a deja paso a un joven en pleno desarrollo de sus competencias, de sus habilidades sociales, manejo emocional y cognitivo.

En este florecimiento vemos con satisfacción cómo se desarrollan las potencialidades del chico o chica adolescente.

Sin embargo, este proceso se puede ver truncado en ocasiones por diferentes problemáticas, y ahí es donde el psicólogo puede ayudar al adolescente y su familia a reconducir el proceso de maduración hacia un cambio en positivo.

Los problemas más frecuentes con los que nos encontramos en consulta son las dificultades académicas o bajo rendimiento escolar, que pueden derivar en fracaso escolar, los problemas de comportamiento (desobediencia), la depresión y el consumo de drogas.

Estos problemas pueden presentarse juntos o no. Últimamente pueden surgir ligados a problemas con el uso de los videojuegos y redes sociales.

Además de estos problemas más frecuentes también nos encontramos con TDAH, dificultades en el manejo de la ansiedad, depresión, dificultades en las habilidades sociales y trastornos de la conducta o de la alimentación.

El trabajo con los adolescentes y sus familias es muy gratificante por la etapa del desarrollo que comprende ya que la maduración de la persona depende en gran medida de esta etapa de cambios y de las decisiones que se tomen en ella o de las habilidades que se aprendan de manera que un cambio a mejor en estas decisiones y habilidades tanto del adolescente como de los padres puede tener una repercusión importante para la autoestima de ambos, el futuro del adolescente y el bienestar de toda la familia.

¿Cómo trabajamos la psicología con los adolescentes en la Clínica MIRALLES?

Primero hablamos con el chico/a que es el principal protagonista y nos centramos en establecer una buena relación, darle confianza, que se sienta apoyado en un ambiente distendido.

Un pregunta frecuente en la primera visita es: ¿vienes por propia voluntad o porque quieren tus padres? Es una buena forma de romper el hielo y de hablar de tú a tú desde el primer momento.

También le presentamos el trabajo del psicólogo, rompiendo tabúes y miedos, porque puede que vengan con una idea negativa de lo que supone ir al psicólogo y le damos información sobre los beneficios de realizar un tratamiento centrándonos en los aspectos de su vida en los que le podríamos ayudar.

Por ultimo concretamos con él/ella posibles objetivos de terapia fomentando la motivación para el cambio.
En segundo lugar hablamos con los padres y vemos su punto de vista sobre el problema, que puede coincidir o no con el de su hijo.

Los padres vienen angustiados, se sienten culpables y, frecuentemente, con una visión de su hijo/a negativa y con dificultades en la comunicación paterno-filial.

Hacerles ver los puntos a favor tanto de su labor como padres como del hijo/a maravilloso que tienen cambia su enfoque y les orienta hacia el cambio positivo. Centramos objetivos de cambio y planteamos la estrategia terapéutica a seguir.

Finalmente hacemos conclusión de la sesión con los tres (padres e hijo) fijando objetivos de terapia de ambas partes, que nuevamente pueden coincidir o no utilizando la negociación y aunando objetivos.

Dependiendo del problema del que se trate en las sucesivas visitas trabajaremos solo con el adolescente o con él y los padres, aunque los padres siempre estarán informados de todo el tratamiento.

Antes de iniciar el tratamiento haremos unas sesiones de evaluación para definir y analizar el problema y seguidamente iniciamos el tratamiento en el que ayudaremos tanto al adolescente como a sus padres a enfocar el problema desde otro prisma que les sirva para vivir esta bonita etapa evolutiva de una forma adaptativa y feliz y en la que puedan disfrutar de unas relaciones familiares armónicas y estrechas.

Proporcionamos estrategias tanto al adolescente como a los padres para afrontar los problemas de forma eficaz.
Al adolescente técnicas para mejorar en los estudios, para negociar con los padres, para el control de la ansiedad, habilidades sociales, instauración de hábitos, mejorar la relación con los padres, desarrollar la empatía, controlar las emociones, etc. en función de los objetivos terapéuticos formulados.

A los padres les proporcionamos estrategias para comunicarse mejor con los hijos, técnicas de negociación, paternidad positiva, validar los sentimientos de los hijos, control de la irritabilidad y de las emociones en general, cómo castigar, premiar, instaurar hábitos de estudio y de la vida diaria en sus hijos, etc.

Oposicionismo

La adolescencia es una etapa marcada por el oposicionismo (todo es NO), la necesidad de reafirmarse, las ganas independencia y la autoafirmación.

El adolescente busca desmarcarse para realizar actividades con sus amigos y las opiniones de padres y adolescentes se encuentran muchas veces en puntos distantes.

Cuando estas conductas se vuelven incontrolables para los padres y crean conflictos en la familia éstos recurren a la ayuda profesional.

El adolescente puede llegar a adoptar un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante en el que se dan enfados y desobediencia y los padres ponerse a su nivel llegando a una comunicación coercitiva en la que las dos partes quieren ser ganadoras y la realidad es que todos pierden.

Se pierde la confianza, la comunicación, la armonía familiar, el respeto y la autoestima del adolescente.

El psicólogo trata de devolver a la familia todo lo perdido y que tanto el adolescente como los padres acerquen posturas promoviendo la empatía y la convivencia familiar saludable en un entorno de cooperación y respeto mutuo.

El primer paso es ganarse la confianza del adolescente y motivarle para el cambio, hacerle ver, sin juzgar su comportamiento, el papel que está jugando en la familia y que pueda ponerse en el lugar de sus padres.

Ver qué quiere conseguir y qué quiere mejorar de su situación y hasta qué punto le afecta.

Evaluamos los puntos de fricción y el origen de la conducta desafiante del adolescente.

Desde cuándo se produce este comportamiento ¿siempre ha tenido un comportamiento desafiante o se da desde hace poco tiempo?, la historia familiar y de relaciones, posibles problemas que pueda tener el adolescente fuera de casa, etc.

Puede haber habido algo en el comportamiento de sus padres que le haya dolido, o haberle ocurrido algo a él que le haya desanimado.

Los puntos de fricción suelen ser las «obligaciones del adolescente» tanto del hogar (colaborar en la casa, en su habitación, cumplir las normas) como de los estudios (bajas calificaciones o bajo rendimiento), las formas del adolescente para con sus padres (malas contestaciones), uso y administración del tiempo libre (salir con los amigos, uso de videojuegos, de drogas).

Aspectos en los que no hay acuerdo y se utiliza el enfrentamiento en la familia en vez de la negociación creando discusiones.

Proveemos tanto al adolescente como a los padres de modos de llegar a consensos sin utilizar el enfrentamiento, buscamos puntos en común y actividades comunes para compartir, instauramos hábitos de conducta diarios en el adolescente, enseñamos formas más saludables de comunicación y si es conveniente técnicas de estudio, habilidades sociales, fomento de la empatía, formas saludables de manejar la conducta del adolescente a los padres.

Las dinámicas de relación familiar van cambiando y vuelve la armonía y el bienestar al hogar y a sus miembros.

Ansiedad en el adolescente

Muchos de los problemas de ansiedad en el adulto tienen su inicio en la adolescencia o en la infancia.

Personas que por sus características de personalidad siempre han sido miedosas o han estado sobre protegidas o cuyos padres son personas ansiosas o aprensivas que han transmitido señales de alarma o peligro en situaciones normales o no tan alarmantes.

Las actitudes de los padres se imitan y podemos, de forma inadvertida, transmitir creencias de alarma, miedo o peligro innecesarias.

La ansiedad se manifiesta por sensaciones físicas elevadas (taquicardia, sudoración, tensión muscular, ahogos, etc), pensamientos catastrofistas o exagerados, y conductas de evitación de las situaciones o estímulos temidos.

La ansiedad en la adolescencia se manifiesta como fobias, ataques de pánico, trastorno obsesivo compulsivo (TOC) e hipocondría y tanto la evaluación como el tratamiento son similares a los que se realizan con adultos.

Depresión en el adolescente

Cuando se dan cambios importantes en la vida del adolescente (divorcio de los padres, bajo rendimiento académico, cambio de ciudad, muerte de un familiar, dificultades con los amigos) que suponen pérdidas para él/ella puede suceder que superen estas pérdidas y se adapten a la nueva situación o que no las superen poniendo en marcha la aparición de sintomatología depresiva.

Cuando se da un estado depresivo se siente tristeza la mayor parte del día, ganas de llorar, se pierde la capacidad para disfrutar, disminución del interés por cosas que antes motivaban a la persona, aislamiento social, irritabilidad, perdida de peso, problemas para dormir bien o sueño excesivo, cansancio, inactividad o desgana, perdida de energía, sentimientos de inutilidad, baja autoestima, de culpa, dificultad para pensar o concentrarse y pensamientos recurrentes de muerte, sensaciones de ansiedad (taquicardias, ahogos).

Ante estos síntomas en el adolescente debemos buscar ayuda profesional para hacer una evaluación en profundidad y un tratamiento que nos permita devolver al adolescente a su estado habitual.

Evaluamos los motivos o pérdidas que ha tenido el adolescente y desde cuándo está triste y/ con apatía.

En ocasiones se debe a un hecho puntual al que el adolescente no ha sabido adaptarse, con lo que tendremos que ayudarle a ver la situación de otra forma para propiciar la adaptación y normalización de su estado de ánimo y de su vida.

En otras ocasiones junto con la depresión se dan carencias del adolescente en habilidades sociales, formas irracionales de pensar, dificultades a la hora de solucionar problemas, dificultades relación con alguno de los padres o con ambos.

Dependiendo de los motivos que han originado la depresión y que la están manteniendo emplearemos una técnicas u otras para proveer al adolescente y sus padres de estrategias para manejar los síntomas depresivos y hacerles frente volviendo a la normalización de la vida y al bienestar.

Empleamos técnicas cognitivas o de cambio de pensamientos irracionales, programas de actividades agradables, técnicas para el control de la ansiedad, entrenamiento en habilidades sociales, resolución de problemas, etc.

El tratamiento es parecido al que realizamos con los adultos aunque adaptado a la adolescencia.

Habilidades sociales en la adolescencia

Las habilidades sociales son un área de vital importancia para el desarrollo personal en cualquier etapa de la vida pero en la adolescencia cobran una relevancia mayor.

Uno de los cambios que se producen en esta etapa es dejar de tener a la familia como principal referente de apoyo para incluir también a las amistades como pilar importante.

Así, los amigos ejercen gran influencia y ser apreciado o socialmente querido y aceptado va a ser un indicador de autoestima personal y felicidad.

En ese sentido tener unas buenas habilidades sociales es un factor precursor de una buena adaptación en esta etapa.

Se trata de una situación continuada de falta de respeto, persecución, menosprecio y que puede derivar en agresión física o verbal por parte de un alumno o un grupo de ellos hacia otro alumno que en la mayoría de casos no sabe defenderse o denunciar el acoso por vergüenza o por miedo a empeorar la situación.

El bullyng se produce generalmente en la adolescencia y deja graves secuelas en la víctima y sobretodo en su autoestima, sus relaciones sociales que perduran durante la vida adulta.

Los psicólogos proveemos a los chicos y chicas adolescentes de las habilidades necesarias para tener una relaciones exitosas y les ayudamos a superar las dificultades para relacionarse socialmente, que se produce bien por timidez o inhibición o bien por presentar un comportamiento agresivo o pasivo, fomentando la adquisición de habilidades que se instauran de forma permanente y previenen la aparición de otros problemas psicológicos en la vida adulta o en la juventud como la depresión o la baja autoestima.

En primer lugar evaluamos qué dificultades sociales tiene el adolescente.

Puede tener una conducta pasiva (no sabe defenderse, pedir, quejarse, pasa desapercibido), una conducta agresiva (es mandón, agrede a otros niños, falta el respeto, dominante), falta de empatía, es tímido (no se atreve a interactuar por miedo al rechazo), retraído (muy reservado, no expresa sus sentimientos) tiene ansiedad social (miedo a la evaluación negativa de los demás o hacer el ridículo), sufre bullyng.

Dependiendo de los resultados de la evaluación y las necesidades del adolescente le proveemos de información y habilidades para cambiar sus pensamientos, emociones y conductas sociales mejorando sus relaciones sociales y su autoestima.

Durante las sesiones entrenamos las diferentes conductas sociales como presentarse, pedir algo, decir no, iniciar una conversación, expresar sentimientos, quejas, etc. mediante información, role playing (o representación de papeles) o técnicas para el control de la ansiedad, entre otras, poniendo el acento en las necesidades de cada cliente.