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Realizamos una terapia sexual que consiste en primer lugar en evaluar y tratar la causa o causas del bajo deseo sexual. La educación recibida, las experiencias sexuales anteriores, la forma de vivir la sexualidad pueden conllevar prejuicios, tabúes, miedos que estén boicoteando el pleno disfrute del sexo.

Las relaciones de pareja, demandas sexuales de la pareja reiteradas, un trastorno emocional como la ansiedad o depresión. Estresores externos como problemas de trabajo, familiares también pueden estar afectando a la sexualidad. Dependiendo del caso se abordan los factores que están originando y manteniendo el problema con la terapia cognitivo conductual individual o de pareja y la terapia sexual individual o en pareja.

El bajo deseo sexual puede ser puntual y debido a una causa concreta en un momento determinado o darse de manera continuada a lo largo del tiempo. En el segundo caso evaluaremos la historia sexual y las actitudes de la persona con respecto al sexo ofreciendo educación sexual, técnicas de exploración de la propia sexualidad para que el cliente desarrolle esa parte de sí mismo encontrando la forma de disfrutar plenamente.

Si es necesario se realizará una terapia sexual con ambos miembros de a pareja o una terapia de pareja. Cuando la persona tiene la disposición adecuada para ello, empezamos poco a poco a redirigir la atención hacia lo sexual con fantasías, lecturas eróticas, estimulación sensorial, juego sexual erótico, exploración del propio cuerpo y del de la pareja sin exigencias de manera que se va despertando el deseo.

Bajo deseo sexual

El bajo deseo sexual puede ser vivido con ansiedad, sentimientos de culpa, sentirse inferior o diferente o con miedo a ser rechazado.

Las causas son diversas ya que puede deberse a muchos factores psicológicos, de relación, educacionales y biológicos, como por ejemplo una relación de pareja conflictiva, celos, inseguridad, estados de ansiedad o depresión, estrés, miedos, prejuicios, tabúes, efectos de los antidepresivos o problemas sexuales como la eyaculación precoz o el vaginismo.

Cuando la persona tiene problemas los propios mecanismos de supervivencia hacen que focalice su atención en dichos problemas y se olvide o deje de lado aspectos como el sexo.

En una persona con problemas laborales o económicos o depresión, además de otros cambios bioquímicos, puede producirse una disminución de andrógenos facilitando un bajo deseo sexual.

Hay determinados fármacos, como la medicación antidepresiva, que inhiben el deseo sexual y puede ser conveniente comentarlo con el médico para que cambie la dosis o recete otra medicación sin ese síntoma secundario.

En las parejas ocurre, en ocasiones, que se dan diferentes niveles y frecuencia de deseo de relaciones sexuales y presión de uno de los miembros de la pareja hacia el otro por mantener relaciones cuando no le apetecen produciéndose el efecto contrario al deseado y llegando a causar en el otro un rechazo hacia el sexo por por la asociación continuada de sexo y estrés.

El bajo deseo sexual es la disminución o ausencia de fantasías y deseos de actividad sexual de forma persistente o recurrente. La persona no tiene ganas de tener relaciones sexuales.

Anorgasmia femenina

Muchas mujeres tienen dificultades para vivir el sexo plenamente y sin inhibiciones.

Bien sea por no sentirse cómodas con su cuerpo, por influencias en la actitud hacia el sexo sociales y familiares, por ideas equivocadas, falta de comunicación, falta de información, tabúes, falta de seguridad personal.

Todos estos factores afectan al desarrollo de su sexualidad mermando la capacidad de disfrutar de la práctica del sexo.

Uno de los problemas con los que se pueden encontrar es la anorgasmia o trastorno orgásmico femenino. Es la ausencia o retraso persistente o recurrente del orgasmo tras una fase de excitación sexual «normal».

Este trastorno crea gran impotencia e insatisfacción tanto a la mujer que lo sufre como a su pareja ya que las fases de deseo y excitación se viven, aunque con ansiedad y pensamientos irracionales, con la imposibilidad de disfrutar del orgasmo.

Existen protocolos de tratamiento estandarizados eficaces cuyo objetivo es el cambio de actitudes, creencias y el aprendizaje de nuevas formas de vivir y practicar la sexualidad remitiendo completamente la ansiedad y las creencias irracionales y llegando a disfrutar del sexo de una forma normal.

Vaginismo

El vaginismo es un trastorno sexual femenino que consiste en la dificultad para practicar la penetración durante las relaciones sexuales. Puede ser que se produzca en todas las relaciones o sólo en algunas dependiendo de diferentes factores y de la gravedad.

Debido a la ansiedad, y la tensión muscular como síntoma de ansiedad, que se experimenta ante la relación sexual se produce una tensión de los músculos de la vagina que impide el coito. En otros casos se produce el coito con dolor por la tensión muscular y se llama Dispareunia.

El tratamiento consiste en un autoconocimiento personal, técnicas de relajación, terapia cognitiva para cambiar los pensamientos irracionales que están a la base de la ansiedad, ejercicios de autoexploración de la zona genital y desensibilización con exposición a la situación temida (penetración).

Eyaculación precoz

El tratamiento psicológico es muy efectivo y consiste en reaprender a identificar todas las fases de la respuesta sexual.

La eyaculación precoz es una falta de control sobre el reflejo eyaculatorio de manera que el hombre eyacula sin quererlo.

La gran mayoría de los hombres han experimentado una eyaculación precoz en algún momento de su vida sexual.

Por control adecuado de la eyaculación se entiende un grado razonable de control voluntario que permite que un hombre prosiga los movimientos del coito mientras se encuentra en un alto nivel de placer y de excitación, hasta que decide “dejarse ir” y eyacular.

Algunos hombres no han aprendido a ejercer ese tipo razonable de control voluntario y no tienen elección.

Eyaculan rápida e involuntariamente en cuanto alcanzan un grado elevado de excitación, tanto si quieren como si no.

Es el problema sexual más frecuente en hombres, afectando entre el 25 y el 40 % de ellos. En los casos más graves, el hombre eyacula antes de la penetración de su pareja o segundos después de hacerlo.

La característica fundamental de la eyaculación precoz no es el tiempo que se tarda en eyacular si no que el hombre carece de un control voluntario adecuado sobre la eyaculación, con el resultado de que llega al climax involuntariamente antes de quererlo.

La dificultad de controlar la eyaculación no se produce por estar muy excitado ni por una hipersensibilidad sexual, sino más bien por la dificultad a la hora de percibir el propio proceso de excitación y el propio ritmo sexual y por consiguiente su manejo y control.

La persona afectada no se ha parado a percibir las sensaciones que emanan del pene en los diferentes momentos de la respuesta sexual (fase de deseo, excitación, punto de no retorno, orgasmo y resolución) desde sus primeras experiencias sexuales y no ha aprendido a tener el control de este proceso.

Se produce debido a un mal aprendizaje de la respuesta sexual por precipitación en las primeras prácticas, de manera que en lugar de realizar un respuesta sexual con conciencia y pasando por todas las fases (deseo, excitación, orgasmo, resolución) los hombres con falta de control de la eyaculación se saltan involuntariamente la fase de excitación haciéndola muy corta con falta de control sobre la misma.

No se detienen a alargar la fase de excitación ni saben identificar el punto de no retorno antes del orgasmo.

Las causas de la eyaculación precoz son:

  • Situación en que se viven las primeras relaciones de coito, que suelen ir acompañadas de nerviosismo y precipitación debido a miedos, falta de confianza en sí mismo, temor al fracaso, actitud de la compañera y sus temores, etc.
  • El estado emocional de ansiedad, angustia o estrés, que, por muy diferentes razones puede darse no en las primeras relaciones, sino después de años de experiencia.
  • Circunstancias que favorecen una relación rápida motivada por la rapidez de los primeros orgasmos debido al modo precipitado e impulsivo de practicar la masturbación, y a que las primeras experiencias se tienen con prostitutas, en el coche o en lugares públicos, etc.

El tratamiento psicológico es muy efectivo y consiste en reaprender a identificar todas las fases de la respuesta sexual por medio de ejercicios hasta llegar a controlar la eyaculación.

El paciente realiza ejercicios en casa primero de auto estimulación (masturbación) él solo y después con la pareja con los que aprende a identificar sus sensaciones sexuales y a alargar la fase de excitación voluntariamente.

La terapia consta de 12 fases en las que se practican ejercicios en casa de creciente dificultad hasta que se consigue un control de la fase de excitación y de la eyaculación durante el coito.

Estos ejercicios se combinan con técnicas de relajación, técnicas cognitivas para cambiar pensamientos disfuncionales y con terapia de pareja en el caso de que sea necesario.

Disfunción eréctil

La disfunción eréctil (o impotencia) es un problema frecuente que causa en el hombre que la padece sentimientos de culpa, ansiedad, inseguridad y baja autoestima.

Se trata de la incapacidad recurrente para obtener o mantener una erección apropiada hasta el final de la actividad sexual.

Puede ocurrir en todas las interacciones sexuales o sólo en determinadas situaciones o con determinadas personas.

Cuando se descarta el origen orgánico por el especialista en medicina, el urólogo, las causas suelen ser psicológicas.

Problemas de pareja, problemas psicológicos, estrés, ansiedad, baja autoestima, inseguridad, creencias irracionales, ansiedad de ejecución («tengo que hacerlo bien», «tengo que satisfacer a mi pareja»), miedos durante la interacción sexual (a un embarazo, a enfermedades de transmisión sexual) son frecuentemente las causas que están en la base de la disfunción eréctil.

Normalmente la persona suele vivir una primera situación sexual en la que tiene una disfunción eréctil y a partir de ahí, si vive la situación de forma traumática o con malestar emocional, puede que se repita causando insatisfacción y creando un círculo vicioso que mantenga el problema.

La actitud de la pareja sexual es muy importante para este mantenimiento o la remisión del problema ya que cuando hay reproches por la disfunción eréctil o sentimientos de que el hombre no me quiere suficiente y por eso tiene este problema, puede empeorar la situación.

Con el tratamiento el hombre descubre las causas de su problema y la forma de solucionarlo recuperando la confianza y las relaciones sexuales satisfactorias.

El tratamiento consiste en descubrir la causa/s junto con el paciente y en función de ellas proveerle de estrategias cognitivo conductuales para resolver el problema.

Técnicas de relajación, de habilidades sociales, de comunicación, cambio de pensamientos.

La inclusión de la pareja en el tratamiento depende de su papel en el mantenimiento del problema y consiste, a su vez en, determinar qué está haciendo y qué actitud está teniendo para juntos encontrar una forma más saludable y que permita recuperar la confianza y las buenas sensaciones.