La depresión se produce por una pérdida o por la consecución de sucesos negativos continuados.
La persona pierde algo subjetivamente importante para él/ella.
Puede ser algo material, algo personal, profesional, puede ser una expectativa, una ilusión (un trabajo, una persona querida, cambio de ciudad, amistades, salud, algo que esperaba de la vida o de mí mismo y no ha sucedido).
Ante cualquier pérdida importante para la persona aparecen la tristeza, los pensamientos negativos y la apatía.
La persona se siente triste, sin ganas de hacer cosas y aparecen también pensamientos negativos sobre uno mismo, los demás el mundo y el futuro.
Esto es normal y cualquiera puede tener estos pensamientos y emociones ante la pérdida de reforzadores significativos.
La reacción ante la adversidad
Esta situación de pérdida puede ser manejada de forma adaptativa reconociendo y aceptando la pérdida con la consiguiente «vuelta a la normalidad» o perdurar los sentimientos y pensamientos negativos ante la pérdida dando paso a la inactividad y a la depresión y produciendo un cambio en los neurotransmisores que regulan el estado de ánimo.