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El uso del azar en el juego es considerado una diversión cuando hay un control y un gozo en el acto en sí, mientras que deja de serlo cuando implica sufrimiento y descontrol, por lo que la persona pierde su libertad de decisión. (Bombín, 1992).

El juego patológico es un trastorno del control de los impulsos cuya característica esencial es un comportamiento de juego, desadaptativo y persistente, que altera la continuidad de la vida personal, familiar o profesional.

La evolución hacia un juego patológico suele describirse a través de las fases propuestas originariamente por Custer (1982) y ampliadas por Lesieur y Rosenthal (1991): ganancia, pérdida y desesperación.

Fases de la adicción

Durante la primera fase la persona jugadora obtiene ganancias que le generan gran bienestar, por la recompensa obtenida y por el refuerzo de las personas cercanas que reconocen la gran pericia de la persona en el juego, las pérdidas serán achacadas a fenómenos externos e irracionales que confluyen para producir una mala racha.

Posteriormente en la fase de pérdida la persona intenta obtener dinero para resarcir los excesivos gastos generados aumentando el nivel de las apuestas y ocultando a su entorno las pérdidas, es el momento de las trampas y mentiras.

Cuando los acreedores aumenta se ve obligado a confesar a su familia, amigos, banco, etc., el problema, y decide e incluso promete que va a dejar de jugar.

Esto dura poco tiempo, ya que vuelve a alimentar su optimismo irracional y la ilusión de ser impune y vuelve de nuevo a jugar.

Así llega a la última fase, la de la desesperación.

Esta fase se caracteriza por el aumento exponencial del nerviosismo y la irritabilidad causado por el gran número de deudas y embrollos económicos acumulados con la intención irracional de reducirlos sin perder su prestigio social.

A esta tríada Rosenthal añadió la última fase, la de la desesperanza o abandono en el que asumen que nunca podrán dejar de jugar.

Incluso sabiendo que no van a ganar siguen jugando; precisan jugar por jugar, hasta quedar agotados.

Este es un momento crítico en el que en ocasiones el suicidio se ve cómo única solución al sentirse incapaces de poder frenar esta autodestrucción.

¿Cómo abordamos la adicción al juego en Clínica Miralles?

En Clínica Miralles realizaremos una evaluación exhaustiva del caso:

Comprobaremos que la persona cumple los criterios diagnósticos de ludopatía, realizando el diagnóstico diferencial con otras modalidades de juego no patológico (jugador social, jugador profesional, etc.) y en particular con las conductas de juego patológico que pueden aparecer en el transcurso de otros trastornos psiquiátricos, y que requieren una atención específica, entre las que destacan:

  • Episodio de manía o hipomanía.
  • Retraso mental.
  • Trastorno psicótico.
  • Trastorno de la personalidad.
  • Evaluaremos la conducta de juego, el estado afectivo, los síntomas de ansiedad, impulsividad, locus de control y acontecimientos vitales estresantes.
  • Estudiaremos también los posibles trastornos psicopatológicos asociados al juego patológico ya que es muy importante determinar si la sintomatología ansiosa y/o depresiva que puede estar presente es reactiva a los problemas creados o si por el contrario constituye un trastorno independiente que requiere una terapia específica.
  • Indagaremos sobre el consumo de alcohol y/u otras sustancias psicoactivas, ya que si se presenta una adicción asociada es más eficaz el tratamiento combinado.
  • Analizaremos de manera rigurosa de las consecuencias del juego en el ámbito familiar, laboral, social y económico del paciente, así como las posibles implicaciones legales.
  • Durante todo el proceso de evaluación valoraremos el nivel de motivación que muestra la persona cuando acude en busca de ayuda, aspecto este de enorme trascendencia ya que de la existencia de motivación o la posibilidad de potenciarla en el marco terapéutico depende en gran medida el éxito del tratamiento.

El diagnóstico obtenido después del proceso de análisis elaborado nos dará las pautas a seguir durante el tratamiento que consta de tres fases: motivación a tratamiento, estabilizar los logros conseguidos y prevención de recaídas.

Mediante la entrevista motivacional  lograremos que la persona acepte trabajar para el cambio, la adherencia al tratamiento y el esfuerzo por cumplir de las pautas prescritas.

Utilizaremos diversas técnicas para superar las diversas etapas:

  • Técnicas encaminadas a la suspensión del Juego Patológico: Control y manejo de la ansiedad, control de estímulos y exposición en vivo con prevención de respuesta.
  • Técnicas de deshabituación del Juego patológico: Terapia cognitivo conductual para aprender a manejar los pensamientos erróneos que mantienen la conducta patológica, prevención de recaídas, locus de control.
  • Técnicas para el mantenimiento de la suspensión de la conducta de juego: solución de problemas y entrenamiento en habilidades sociales, restituir las deudas, terapia de pareja y alternativas de ocio adaptativo
  • Tratamiento de los trastornos y psicopatología asociada si existiera desde el principio de tratamiento: depresión, adicciones, TOC, trastorno bipolar… facilitando el acceso a tratamiento farmacológico que más se ajuste a sus necesidades.

¿Qué conseguimos en Clínica Miralles con el tratamiento al juego patológico?

El objetivo final será el de aprender a vivir de forma satisfactoria sin necesidad de recurrir a ninguna estimulación externa y siendo plenamente consciente de que su día a día sin juego es el que le proporcionará una mayor calidad de vida y un futuro esperanzador y eso, sí que es una suerte!

Como en otras adicciones, una conducta placentera y cuya función es disfrutar pasa a vivirse como algo necesario y cuya función es liberarse de los síntomas de abstinencia (estado de ánimo triste, irritabilidad, ansiedad, deseo sexual desmedido).

Puede llegar a ocupar un tiempo excesivo dejando de lado otras actividades importantes como trabajar, cuidarse, relacionarse socialmente o estar con la familia.

Por otra parte puede acarrear consecuencias negativas como enfermedades de transmisión sexual, problemas económicos, laborales, problemas de pareja y familiares.