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El tratamiento clínico para niños siempre se hace en colaboración con los padres de manera que éstos acuden con el niño a todas las sesiones.

El tratamiento con los niños es muy gratificante ya que éstos están siempre dispuestos a aprender y abiertos a cambios, son como esponjas y muy maleables y su sistema neurológico no está conformado todavía

Si el psicólogo sabe cómo ganárselos (establecer una buena relación terapéutica) y que les resulte agradable la visita el éxito está asegurado.

Es un trabajo que reviste también dificultades porque además de tener experiencia y conocimientos en terapia infantil hay que trabajar también con los padres que en la gran mayoría de casos tienen mucho que ver con el origen y mantenimiento de los problemas de sus hijos, y en ocasiones también con los hermanos.

¿Cómo trabajamos la psicología con niños y niñas en la Clínica MIRALLES?

La primera visita cuando se trata de intervención psicología infantil (2 – 12 años) la hacemos con los padres y el niño. Primero entran los padres a la sesión y exponen el caso. Después entra el niño y finalmente los padres con el niño para ver la interacción.

El objetivo principal en la primera sesión es que el niño esté a gusto y crear una buena relación terapéutica y realizar una evaluación. Prestaremos atención a la madurez del niño, su conciencia del problema, lo que quiere conseguir, las potencialidades o puntos fuertes. En los padres observaremos su estilo parental (autoritario, permisivo), su comunicación (positiva, negativa), su conciencia del problema, la relación familiar.

Una vez hecha la evaluación planteamos lo objetivos terapéuticos y empezamos a trabajar en los cambios con técnicas cognitivo conductuales según el caso lo requiera.

Los tratamientos los realizamos en coordinación con el colegio, previo consentimiento de los padres. Algunos tratamientos, cuando el niño presenta problemas en el colegio, los realizamos en coordinación con el mismo, siempre previo consentimiento de los padres.

El colegio es una fuente de información ya que el niño pasa gran parte de su día a día allí y en muchas ocasiones es necesario realizar programas de tratamiento en el propio colegio e incluso en el aula en coordinación con el tutor del niño y el psicólogo escolar.

¿Qué conseguimos en Clínica MIRALLES con la terapia infantil?

Verdaderos cambios tanto en el niño como en los padres.

La forma en que entran en la consulta antes de la sesión y cómo salen después es muy distinta, con caras de satisfacción.

El motivo de consulta suele ser variado, desde un asesoramiento puntual al tratamiento de problemas clínicos (desobediencia, enuresis, encopresis, miedos, fobias, inseguridad, rechazo social, baja autoestima, incumplimiento de normas, bajo rendimiento escolar, TDAH, dificultad en las habilidades sociales, problemas de ansiedad, etc.) que afectan de manera importante al desarrollo del niño y su familia.

Cuando se trata de tratamiento clínico para niños éste siempre se hace en colaboración con los padres de manera que éstos acuden con el niño a todas las sesiones.

Las técnicas empleadas van dirigidas tanto a los padres como al niño según la necesidad.

Los padres se entrenan en comunicación positiva y actitudes parentales adecuadas, manejo de castigo (costo de respuesta: quitar algo al niño que le gusta), refuerzos, extinción, instauración de normas, hábitos, la importancia del afecto, desarrollo de la autoestima, validar los sentimientos del niño, educación emocional, cambio de pensamientos, técnicas para el control de la ansiedad, control del enfado, etc.

Los niños por su parte aprenden a manejar la frustración, cumplir ordenes y normas, realizar hábitos saludables, técnicas de estudio, técnicas para manejar miedos, habilidades sociales, técnicas para el control de la ansiedad, habilidades para defenderse, manejo de pensamientos irracionales.

Trastorno negativista

Cuando acude un niño con sus padres por problemas de desobediencia compatibles con un Trastorno Negativista Desafiante (TND) la relación padres- hijo suele ser muy tirante y estar deteriorada con reproches, enfados y negatividad generalizada.

Tanto los padres como el niño necesitan cambiar de enfoque y restablecer la cooperación y la armonía familiar (mediante una disciplina positiva).

El TND consiste en un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante en el que se dan rabietas, enfados y desobediencia.

El niño discute con los adultos, desafía y no quiere cumplir órdenes, molesta deliberadamente a otras personas, acusa a otros de sus errores, es susceptible, colérico y vengativo.

Es lo que comúnmente llamamos desobediencia, pero con una intensidad, frecuencia y duración de las conductas disruptivas que puede alterar el entorno del niño y su propio desarrollo personal. Llega a ser un comportamiento muy molesto y que impide a la familia ir a los sitios con tranquilidad.

En ocasiones el niño no tiene hábitos de conducta instaurados como comer correctamente, dormir a sus horas, ocuparse de su aseo personal y hacer sus tareas escolares, incidiendo en su autonomía y en el funcionamiento familiar.

Esta conducta hostil y desafiante por parte del niño afecta de manera importante a su vida social, académica, familiar y personal y causa problemas acusados en las relaciones del niño con su familia, amigos, compañeros y profesores.

Se inicia en la infancia, normalmente en la etapa de la educación primaria, aunque en ocasiones en la etapa preescolar se inician algunas conductas.

Es más frecuente en niños con un temperamento difícil a los que les resulta difícil controlar sus emociones y tienen baja tolerancia a la frustración.

Se da antes de los 8 años y no más tarde de la adolescencia.

No existe una teoría uniforme sobre las causas aunque sí que se han identificado factores de riesgo como un temperamento difícil, pautas de crianza inadecuadas (comunicación negativa en forma de castigos y gritos) y factores genéticos.

Para modificar este patrón de conducta del TND se trabaja con los padres y el niño en el establecimiento de límites, normas, cómo dar órdenes, validar los sentimientos del niño, consecuencias a la conducta negativa, establecimiento de una comunicación positiva en la familia, empleo de elogios, fomento de conductas positivas y de cooperación por parte del niño y los adultos.

Lo primero y fundamental es restablecer una buena comunicación basada en el respeto, la expresión de molestia, los elogios, etc.

Después haremos un listado de todas las conductas que queremos mejorar del niño de la forma más específica posible (lavarse los dientes, poner la mesa, hacer los deberes, etc) y estableceremos unas rutina familiares en común con y los padres y el niño para su cumplimiento.

Los niños responden muy bien a estas propuestas ya que están deseando portarse bien y cambiar su rol en la familia.

Este listado de conductas y las rutinas se establecen en común y se confecciona un registro personalizado para tomar nota del cumplimiento haciendo notar los progresos y reforzando el cumplimiento.

Todo ello acompañado de buena comunicación hará que el niño se sienta bien y que la armonía familiar se restablezca.
Si la conducta también se da en le colegio hacemos coordinación con los profesores y psicólogo escolar para implementar programas de tratamiento en el aula al mismo tiempo que se realizan en casa.

Son programas parecidos donde se acuerda con el niño, los profesores y los padres las conductas a mejorar en el colegio y se registra su cumplimiento reportando diariamente en casa los logros del niño en su consecución con el consiguiente reconocimiento también en casa por parte de los padres.

Trastornos alimentarios

A partir de los seis meses cuando introducimos la comida sólida se pueden dar por parte del niño conductas de rechazo al alimento por una lógica necesidad de adaptación a ese nuevo hábito, esto es absolutamente normal y sucede en un alto porcentaje de niños.

Cuando los padres responden a estas conductas de rechazo con ansiedad, preocupación o prestando excesiva atención pueden contribuir a que el rechazo al alimento se prolongue en el tiempo y se complique.

Sobre todo en niños con poco apetito o bajo peso constitucional.

El rechazo al alimento consiste en una alteración de la alimentación manifestada por una dificultad persistente para comer adecuadamente, en niños menores de 6 años.

Esta dificultad para comer con normalidad en algunos casos puede desaparecer a partir de los seis años a medida que el niño va adquiriendo autonomía, pero en otros se prolonga hasta la adolescencia creando otros problemas como las dificultades de relación con los padres, problemas de comportamiento, problemas de salud, etc.

Saber manejar estas conductas va a ser clave para que no se mantengan en el tiempo y no se desarrolle un trastorno alimenticio.

En la Clínica Miralles trabajamos con las familias para enseñarles cómo instaurar unos buenos hábitos de alimentación, a los padres para que sepan manejar la conducta de sus hijos y en definitiva para que puedan crear un ambiente de armonía y respeto saludable.

Insomnio infantil

  • ¿Quién no ha tenido una pesadilla en algún momento de su vida?
  • Se trata de episodios de sueño con ansiedad que pueden despertar al niño.
  • La ansiedad suele ir acompañada de movimientos bruscos que es lo que despierta al niño.
  • Cuando se despierta la ansiedad tiende a desaparecer.
  • Son más frecuentes cuando el niño está preocupado o ansiosa por algo.
  • Dependiendo de su frecuencia y de la alteración del sueño que suponen, pueden ser más o menos perjudiciales para el niño.

Miedos infantiles

Los miedos en la infancia son normales desde un punto de vista evolutivo, es decir que forman parte del normal desarrollo del niño y de su adaptación al entorno.

Dependiendo de la edad va cambiando el objeto temido y se van superando conforme el niño va madurando.

Es importante que enseñemos al niño a enfrentarse a sus miedos en lugar de evitarlos porque le estaremos enseñando a afrontar problemas futuros.

El miedo se convierte en un problema (fobia) cuando se alarga en el tiempo, cuando vemos que es exagerado o cuando afecta a otras áreas del comportamiento del niño (come peor, duerme peor, aparecen desobediencia explicada por la evitación del objeto temido) y pasa de ser un miedo normal a ir acompañado de gran angustia y necesidad de escapar.

Se trata de una ansiedad excesiva e inapropiada del niño ante situaciones como la separación del hogar o de las personas con quienes está vinculado, las tormentas, la oscuridad, ciertos animales, los ladrones, etc.

Cómo manejemos esta situación los padres contribuirá en gran medida a que el miedo se perpetúe o que se supere.

En términos generales debemos acompañar al niño e intentar validar sus sentimientos y al mismo tiempo darle confianza y ayudarle a ponerse retos que irá superando paso a paso para vencer el miedo.

Apoyar y elogiar las conductas que vayan encaminadas a superar el miedo y no dar importancia a las que vayan en la dirección contraria (las que apoyen el miedo).

A los 6 meses el niño tiene miedo a los extraños y puede llorar cuando lo separan de su padre o su madre cuando antes no lo hacía.

Hacia los dos años puede aparecer la ansiedad de separación que consiste en miedo y ansiedad excesiva ante la separación de los padres o del hogar.

El niño presenta ansiedad y se niega a separase de los padres y esta situación le crea malestar clínicamente significativo. Si no se trata adecuadamente puede perdurar hasta la adolescencia.

En la edad preescolar (3-5) pueden aparecer el miedo a la oscuridad, a los animales o a seres imaginarios.

En la edad escolar aparecen miedos como a fenómenos naturales, la propia seguridad, miedo al colegio o a no tener éxito, miedo a temas de salud, a la muerte de los padres o a los animales.

Atender al niño, enseñarle a reconocer sus sentimientos y a verbalizarlos. En el sentido de hablar con él sobre lo que le da miedo y porqué le da miedo. Validar sus sentimientos, es decir, hacerle ver que entendemos que se sienta así. Y al mismo tiempo hacerle ver que el motivo de su miedo es irreal y exagerado.

Ayudarlo con consejos, trucos (pensar que no va a pasar lo que teme) y tranquilizarlo. Ayudarle a enfrentar el miedo haciéndole frente y no utilizando trucos que lo alimenten, siempre que sean innecesarios, exagerados o duren mucho en el tiempo (como dejar una lamparilla encendida, dormir con los padres porque tiene miedo, etc).

Desdramatizar. No hacer un mundo del miedo de nuestro hijo. Mantener la clama y la seguridad. Si nosotros nos mostramos seguros el niño nos imitará y también lo estará.

No reforzar la conducta de miedo: que no consigan beneficios secundarios con el miedo como excesiva atención, premios o venirse a nuestra cama. Podemos estar aumentando la conducta de miedo haciendo mucho caso al mismo o teniendo reacciones exageradas hacia el mismo (ponernos nerviosos los padres, reñir por que tenga miedo o calmar con excesiva emotividad).