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Las manifestaciones más comunes del insomnio infantil son las pesadillas y los terrores nocturnos. A continuación te ofrecemos una introducción a cada uno de ellos para ayudarte a identificar cuál de ellos puede ser.

¿Quién no ha tenido una pesadilla en algún momento de su vida?

Se trata de episodios de sueño con ansiedad que pueden despertar al niño.

La ansiedad suele ir acompañada de movimientos bruscos que es lo que despierta al niño.

Cuando se despierta la ansiedad tiende a desaparecer.

Son más frecuentes cuando el niño está preocupado o ansiosa por algo.

Dependiendo de su frecuencia y de la alteración del sueño que suponen, pueden ser más o menos perjudiciales para el niño.

Material recomendado:

  • Duérmete, niño. Dr. Eduard Estivill y Sylvia de Béjar. Ed. DeBolsillo.

En los terrores nocturnos, a diferencia de las pesadillas el niño tarda entre cinco y diez minutos en despertar si es que lo hace.

Son episodios muy llamativos en los que el niño se sienta de forma brusca en la cama o se levanta y grita intensamente acompañado de una ansiedad intensa.

Se pueden producir gestos y tener la mirada fija. Durante todo el episodio el niño está dormido.

Cuando se despierta no suele recordar lo ocurrido y si lo recuerda es poco elaborado.

A la mañana siguiente, por lo general, no recuerda el episodio.

No se conoce la causa aunque suele aparecer cuando el niño está sometido a tensión emocional o fatiga y ante la ocurrencia de hechos traumáticos.

Lectura recomendada:

  • Los trastornos del sueño. Gualberto Buela-Casal y Juan Carlos Sierra. Editorial Pirámide.