Comprender lo que sentimos y encontrar apoyo tras una pérdida
La muerte de un ser querido cambia nuestra vida. Su ausencia aparece en las conversaciones, en los planes que habíamos hecho o en gestos cotidianos como coger el teléfono para contarle algo. A veces sabemos qué sentimos. Otras veces nos cuesta entender lo que nos está pasando.
Preguntarnos cómo afrontar el duelo puede ser una manera de buscar orientación en un momento en el que muchas cosas han cambiado. Comprender algunas de sus manifestaciones puede ayudarnos a tratarnos con más paciencia y a reconocer qué apoyo necesitamos.
El duelo es una respuesta natural ante una pérdida significativa. Cada persona lo vive de una manera, según la relación que tenía con quien ha fallecido, las circunstancias de la muerte y el apoyo con el que cuenta. También influyen sus experiencias previas y el momento vital en el que se encuentra.
Qué podemos sentir durante el duelo
La tristeza puede convivir con rabia, miedo, culpa o una sensación de vacío. Algunas personas se sienten aturdidas y funcionan casi de forma automática. También puede aparecer alivio tras una enfermedad larga, junto al dolor por la pérdida.
El duelo puede afectar al cuerpo y a nuestra vida cotidiana. Quizá nos cueste dormir, cambie el apetito o tengamos menos energía. Concentrarnos en el trabajo o tomar decisiones sencillas puede requerir más esfuerzo del habitual. La tristeza por la pérdida y la capacidad de disfrutar pueden convivir durante el duelo. El Instituto Nacional sobre el Envejecimiento señala que incluso podemos sentir culpa por esos momentos agradables.
Estas experiencias varían entre personas y también de un día a otro. Puede que lloremos al recordar una conversación y que poco después disfrutemos de un rato con alguien. Ambos momentos pueden formar parte del mismo proceso.
Cuánto dura el duelo y cómo puede ir cambiando
El duelo tiene un ritmo propio. Su evolución depende de muchos factores y puede incluir periodos de mayor calma junto a otros de dolor intenso. Las etapas de las que a veces se habla describen algunas experiencias posibles. Cada persona puede atravesarlas de manera diferente, sin un orden fijo ni la obligación de pasar por todas ellas.
Con el tiempo, muchas personas van encontrando formas de retomar sus actividades y convivir con la ausencia. El recuerdo sigue teniendo un lugar en su vida, aunque vaya cambiando la manera de sentirlo.
Por eso, al preguntarnos cómo afrontar el duelo, conviene atender a lo que necesitamos en cada momento. Compararnos con otras personas o exigirnos estar mejor porque han pasado unos meses puede añadir presión a una experiencia que ya resulta dolorosa.
Cómo afrontar el duelo en el día a día
Podemos empezar por ajustar las exigencias a la energía que tenemos. En algunos momentos necesitaremos ayuda para resolver asuntos prácticos o sostener las tareas cotidianas.
Mantener cierta regularidad en las comidas, cuidar el descanso y movernos según nuestras posibilidades puede ayudarnos a atender nuestras necesidades básicas. Los objetivos pequeños suelen resultar más manejables: preparar algo de comer, dar un paseo o quedar un rato con alguien de confianza.
El cuidado cotidiano y los vínculos también contribuyen a desarrollar la resiliencia, esa capacidad de adaptación que se construye con recursos personales y apoyos del entorno.
Podemos buscar, además, una manera propia de expresar lo que sentimos. Hablar, escribir o compartir recuerdos son algunas posibilidades. Podemos elegir cuándo hacerlo y con quién nos sentimos a gusto.
Apoyarnos en otras personas y explicar qué necesitamos
El apoyo puede adoptar formas distintas. A veces necesitamos conversar sobre quien ha fallecido. Otras veces agradecemos compañía para pasear, hacer una gestión o pasar la tarde.
Ponerlo en palabras puede facilitar que quienes nos rodean sepan cómo acompañarnos: «Hoy me apetece hablar de ella», «¿Puedes venir conmigo?» o «Me vendría bien que me ayudaras con esto».
Dentro de una familia también pueden convivir necesidades diferentes. Una persona quizá quiera reunir fotografías y otra prefiera esperar. Hablar de esas diferencias ayuda a buscar acuerdos que respeten cómo está cada una.
Fechas y recuerdos que hacen más presente la ausencia
Un cumpleaños, una celebración familiar o el aniversario de la muerte pueden hacer más presente la ausencia. También puede ocurrir al escuchar una canción o regresar a un lugar compartido. La emoción puede intensificarse incluso en los días previos a una fecha importante.
Sentir más tristeza en esos momentos puede formar parte del duelo, aunque lleváramos un tiempo encontrándonos mejor. Podemos pensar con cierta antelación cómo queremos pasar ese día y con quién nos gustaría estar.
Quizá nos ayude mantener una costumbre, cambiar algún plan o dedicar un momento al recuerdo: cocinar algo que compartíamos, mirar fotografías o contar una anécdota. Podemos dejar margen para decidir según nos encontremos y comunicar a las personas cercanas qué necesitamos.
Cuándo buscar apoyo psicológico durante el duelo
El entorno cercano puede ser un apoyo importante. Aun así, podemos necesitar ayuda profesional cuando el sufrimiento resulta muy intenso, nos cuesta sostener las actividades cotidianas o sentimos que los recursos disponibles son insuficientes.
Al valorar cómo afrontar el duelo con apoyo psicológico, importan tanto el malestar que experimentamos como su repercusión en nuestra vida. Podemos pedir orientación en cualquier momento del proceso, sin esperar a que transcurra un plazo determinado.
El acompañamiento psicológico permite valorar qué está ocurriendo y trabajar sobre las dificultades concretas de cada persona. La atención se adapta a su historia, sus necesidades y las circunstancias de la pérdida.
Cuando la muerte se ha vivido de forma traumática y algunos recuerdos siguen generando un malestar intenso, la valoración profesional permite considerar abordajes como la terapia EMDR, según las necesidades de cada caso.
Si estás viviendo una pérdida y necesitas apoyo, puedes contactar con nuestra clínica para consultar cómo podemos ayudarte.