Cuando llega la primavera en algunos casos viene acompañada de la astenia que es un conjunto de síntomas físicos negativos para la persona que los sufre.
Te sientes cansado, soñoliento, con baja energía, apatía, con alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad, cefaleas y falta de apetito.
Es la astenia primaveral y viene determinada por el cambio de estación del invierno a la primavera y la adaptación que tu organismo tiene que hacer para sobrellevar la diferencia de horarios, el aumento de las horas de luz y el aumento de temperaturas.
Todo ello deriva en una desregulación de tus ciclos circadianos y una demanda de energía extra.
A pesar de que más de la mitad de la población pasa por esta desagradable situación son síntomas que duran de dos a cuatro semanas y remiten solos, simplemente dejando pasar el tiempo, por lo que no tienen entidad clínica y no son considerados por los manuales diagnósticos como una enfermedad mental.

¿Qué hacer si tengo astenia primaveral?
No existe un tratamiento para la astenia primaveral pero te recomiendo tener unos hábitos de vida saludables manteniendo una dieta sana, practicar ejercicio físico, mantener una buenas rutinas de sueño, beber suficiente agua y controlar el estrés.
A nivel emocional o psicológico te invito aceptar que es algo normal en la primavera y a vigilar la interpretación mental que puedas hacer de estos síntomas.
Es decir, identificar los pensamientos negativos que les acompañan.
Puede que al estar cansado y desganado sin motivo aparente tengas en mente cosas como “Soy un desastre”, “Soy perezoso”, “Porqué tengo que estar cansado”, “No soporto esta apatía”, “Qué día más duro”, “Qué día más largo”.
Son pensamientos irracionales y poco útiles que pueden hacer más pesado este periodo de astenia primaveral.
Si puedes identificarlos y cambiarlos por pensamientos más útiles y realistas llevarás mejor este periodo pasajero.
La astenia primaveral es algo normal que nos ocurre y como tal hay que intentar llevarlo con calma y estando regulados emocionalmente intentando proporcionarnos comprensión y autocuidados. Saber conocernos, hacer caso a nuestro cuerpo y a sus cambios nos puede ayudar a llevarlo mucho mejor. Con el estrés y la falta de autocuidado puede que no percibamos que es algo que nos pasa de forma estacional y que es pasajero y darle más importancia de la que tiene agravando el cuadro.
Cuando esta sintomatología pasajera típica de la primavera viene acompañada o sucede simultáneamente a sucesos de pérdidas, cambios importantes en nuestra vida o épocas de estrés hay que tenerlo en cuenta para diferenciar unas cosas de otras y no estar agravando o contribuyendo a un cuadro depresivo ya que los síntomas de ambas alteraciones son muy parecidos.