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Nuevas tecnologíasPsicología Infantil

Seguridad infantil en Internet: cómo acompañar a tus hijos e hijas

Consejos para acompañar a niños y adolescentes en Internet

La seguridad infantil en Internet requiere adaptar el acompañamiento a cada etapa. Durante los primeros años será necesaria una supervisión más cercana. A medida que crecen podremos ofrecerles mayor autonomía, siempre dentro de unos acuerdos familiares claros.

Aprender a utilizar Internet de forma responsable es un proceso que comienza con la enseñanza, la compañía y el ejemplo de las personas adultas. Internet forma parte de la vida cotidiana de niños, niñas y adolescentes. Lo utilizan para aprender, jugar, comunicarse o ver contenidos relacionados con sus intereses. También pueden encontrarse con situaciones que todavía no saben interpretar o gestionar por sí mismos.

Las herramientas de control parental pueden ser útiles. Sin embargo, la protección también depende de la confianza que construimos con ellos y de las conversaciones que mantenemos en casa. La investigación sobre mediación parental señala la importancia de combinar normas, supervisión y acompañamiento para reducir los riesgos relacionados con el uso de las redes sociales.

Hablar sobre Internet desde los primeros años

Es importante interesarnos por la vida digital de nuestros hijos e hijas desde que comienzan a utilizar dispositivos. Podemos preguntarles qué vídeos les gustan, a qué juegan o qué aplicaciones utilizan. Estas conversaciones cotidianas ayudan a conocer sus intereses y facilitan que puedan compartir una experiencia que les haya producido miedo, vergüenza o confusión.

La reacción de las personas adultas es especialmente importante. Si un niño teme perder el móvil o recibir un castigo puede intentar ocultar lo ocurrido. Escuchar con calma permite comprender la situación y buscar una respuesta adecuada.

Podemos recordarles con frecuencia que siempre pueden pedir ayuda. Incluso cuando hayan aceptado una solicitud, abierto un enlace o enviado algo que ahora les preocupa.

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Establecer acuerdos familiares para el uso de dispositivos

Cada familia tiene que establecer unas pautas adaptadas a la edad de sus hijas y a sus propias circunstancias. 

Conviene hablar sobre los momentos en los que pueden utilizarse las pantallas, acordar dónde se guardan los dispositivos durante la noche (toda la familia) o qué aplicaciones necesitan autorización antes de instalarse.

Los acuerdos funcionan mejor cuando son claros y se revisan con el tiempo. Un niño de seis años necesita un acompañamiento diferente al de una adolescente de quince.

También es importante explicar el motivo de cada norma, y reflexionar juntos. Comprender que una medida busca proteger su descanso, su privacidad o su bienestar facilita que puedan interiorizarla.

Proteger la privacidad de niños y adolescentes

La seguridad infantil en Internet incluye aprender a cuidar la información personal. Desde pequeños podemos enseñarles qué datos deben proteger, por ejemplo: el nombre completo, la dirección, el colegio, las contraseñas o la ubicación en tiempo real.

También es importante hablar sobre las fotografías. Una imagen puede copiarse, compartirse o permanecer en Internet durante mucho tiempo. Antes de enviar una fotografía conviene pensar quién va a recibirla y qué podría ocurrir después.

Las personas adultas también formamos parte de este aprendizaje. Antes de publicar imágenes o información sobre nuestros hijos e hijas podemos valorar cómo podría afectarles ahora o en el futuro. Respetar su intimidad les enseña que su imagen y su vida privada merecen cuidado.

Conocer las aplicaciones, los juegos y las redes sociales

Acompañar implica saber qué hacen cuando están conectados e interesarse por sus gustos y aficiones. Conviene conocer los juegos que utilizan (incluso jugar de vez en cuando), las personas con las que pueden comunicarse y el tipo de contenido que reciben. Algunas plataformas incluyen chats, compras o sistemas de recomendación que muestran vídeos de forma continua.

Podemos explorar juntos sus aplicaciones favoritas, y de paso, revisar las opciones de privacidad y comprobar quién puede contactar con ellos.

También ayuda a comprender por qué una plataforma les resulta atractiva. Cuando mostramos interés por su mundo digital resulta más fácil hablar sobre los riesgos sin convertir cada conversación en un interrogatorio.

Del control parental a la autonomía digital

Los dispositivos actuales permiten ajustar diferentes funciones según la edad, de manera que podemos limitar el acceso a ciertos contenidos, gestionar las compras o establecer tiempos de uso. También es posible revisar los permisos de las aplicaciones y controlar el acceso a la cámara, el micrófono o la ubicación.

Estas herramientas son un apoyo para la seguridad infantil en Internet. Conviene revisarlas de forma periódica porque las necesidades cambian a medida que los niños crecen. 

De hecho, es aconsejable enseñarles poco a poco a configurar su propia privacidad, bloquear perfiles y guardar pruebas de lo sucedido. El objetivo es que desarrollen criterios para tomar decisiones seguras cuando utilicen Internet con mayor autonomía, y que comprendan que la responsabilidad pertenece a quien les ha presionado o dañado.

Niños y adolescentes necesitan referencias sencillas para identificar cuándo una interacción puede resultar peligrosa.

Es importante que reconozcan una “red flag” cuando alguien les solicite fotografías íntimas, les proponga guardar un secreto o intente llevar la conversación a un espacio privado. Y han de saber que han de comunicar cualquier amenaza, chantaje o mensaje que les haga sentir incómodos, sobre todo cuando continúan fuera del aula a través de redes sociales, porque somos las personas adultas quienes hemos de  valorar si conviene comunicarlo al centro educativo, a la plataforma o a los organismos correspondientes.

Acuerdos familiares y uso saludable seguridad infantil en Internet

Observar cómo se sienten en su vida digital

El acompañamiento también incluye prestar atención al bienestar emocional. El uso de Internet puede influir en el descanso, la autoestima y las relaciones. En algunos casos pueden aparecer irritabilidad, aislamiento o preocupación constante por los mensajes recibidos.

También podemos observar si han dejado de disfrutar de otras actividades o si muestran miedo al revisar el móvil. Estos cambios pueden estar relacionados con muchas situaciones. Conviene acercarnos con calma y preguntar cómo se sienten antes de extraer conclusiones.

Cuando el malestar se mantiene o afecta a su vida cotidiana (alteraciones del descanso o abandono de otras actividades), conviene valorar si existe un uso problemático del móvil, las redes sociales o los videojuegos.

Las personas adultas también somos un ejemplo

Los hábitos familiares transmiten mensajes sobre cómo relacionarnos con la tecnología. Podemos crear momentos compartidos sin pantallas, como las comidas o el tiempo antes de dormir. También podemos guardar el teléfono cuando alguien nos está hablando y pedir permiso antes de publicar una fotografía de otra persona.

La seguridad infantil en Internet se construye a través de pequeños aprendizajes cotidianos. Cada conversación ayuda a desarrollar responsabilidad, confianza y capacidad para pedir ayuda.

En Clínica Miralles acompañamos a familias que atraviesan conflictos relacionados con el uso de pantallas, las redes sociales o las experiencias vividas en Internet. Conocer cada situación permite encontrar pautas adaptadas a la edad y a las necesidades de cada familia.

Bienestar emocional y adolescencia seguridad infantil en Internet