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Niños despistados o desordenados: las dificultades en el funcionamiento ejecutivo.

Los niños en su vida diaria,  tanto escolar como familiar, necesitan realizar muchísimas conductas que requieren de organización, planificación, toma de decisiones, control de las emociones, pararse a pensar, reprimir sus impulsos, ser flexibles, utilizar la información de la que disponen para actuar. Desde atender en clase a preparar la mochila para el cole, realizar sus deberes de forma autónoma o realizar su aseo diario en tiempo y forma que les permitan salir de casa para llegar al colegio. Todas estas actividades de un día normal requieren de la puesta en marcha de las funciones ejecutivas y éstas pueden no ejercer su papel de forma adecuada sobretodo en niños con dificultades de aprendizaje y especialmente en el TDAH.

El motivo de consulta suele ser el bajo rendimiento académico o los problemas de comportamiento. Los padres vienen con más o menos desesperación ante la imposibilidad de hacer que su hijo tenga unos hábitos diarios o una organización y planificación adecuadas o que consiga manejar sus emociones. Por su parte los niños y adolescentes vienen desmotivados debido a la gran cantidad de mensajes negativos que reciben sobre su ejecución en diferentes  tareas de su vida diaria y con la autoestima por los suelos por las dificultades que se encuentran a la hora de conseguir sus objetivos y metas.

Las funciones ejecutivas son procesos mentales que guían nuestra conducta, nuestras emociones y pensamientos. Nos ayudan en la consecución de metas y se coordinan e interactúan para la consecución de objetivos. Son un conjunto de capacidades que nos permiten analizar qué es lo que queremos, cómo podemos conseguirlo y cuál es el plan de actuación más adecuado para conseguirlo.

Las funciones ejecutivas cambian y se pueden estimular mediante estrategias para dotar a los niños y adolescentes de recursos que les permitan hacer un mejor uso de ellas como mejorar la atención, el manejo del tiempo, la capacidad de planificación y organización, la regulación emocional, la flexibilidad cognitiva.

Diferentes autores han propuesto clasificaciones de las funciones ejecutivas que podrían resumirse en las siguientes:

  • Atención: capacidad para focalizar la atención, no distraerse por estímulos irrelevantes, cambiar el foco de atención, mantenerse atento el tiempo necesario.
  • Iniciativa: empezar una acción, tomar decisiones.
  • Inhibición: parar la conducta a tiempo, inhibir un impulso, controlar las emociones.
  • Flexibilidad: cambiar de opinión, adaptarse a las circunstancias, cambiar de estrategia.
  • Planificación: realizar acciones de manera secuencial hasta conseguir una meta a medio a largo plazo.
  • Organización: Organización del espacio, del tiempo.
  • Gestión del tiempo: calcular bien el tiempo que le llevará una tarea, ser consciente del paso del tiempo, organizar actividades cronológicamente.
  • Memoria: recordar textos, fechas, citas,
  • Auto-monitorización: Darse instrucciones internamente para la realización de acciones o tareas, para la regulación de las emociones.
  • Control emocional: controlar la ira, la ansiedad, la rabia, la ilusión.
  • Resolución de problemas: Ser consciente de cual es mi problema, qué alternativas de solución puede haber, elegir la alternativa más adecuada, ejecutar la solución elegida, valorar todo el proceso:

Los problemas que se pueden dar en los niños con disfunción ejecutiva son :

  • Desorganización: de apuntes, carpetas, material, tiempo, espacio.
  • Dificultad para iniciar y terminar trabajos: No entregar trabajos en el plazo establecido o hacerlos incompletos.
  • Dificultad para recordar tareas, deberes, encargos.
  • Dificultad para memorizar datos.
  • Escribir textos: con coherencia, inicio desarrollo y desenlace.
  • Resolver problemas matemáticos complejos.
  • Recordar material de lectura.
  • Completar proyectos a largo plazo.
  • Calcular y medir el tiempo.
  • Controlar las emociones.
  • Planear el futuro.
  • Prestar atención.

El trabajo del psicólogo consiste en ayudar al niño, conjuntamente con los padres,  a ser consciente de sus dificultades en primer lugar y hacerse responsable de ellas mejorando, mediante estrategias adecuadas, su capacidad para saber usar y regular sus propios procedimientos de solución.

Hacerle consciente de las decisiones que toma y las consecuencias que tienen éstas haciendo que tome las riendas de su vida. Ayudarle a reflexionar sobre sí mismo, sus actuaciones, su actitud y utilizar la reflexión como una de las formas de solucionar los problemas.

Las estrategias de organización y planificación, así como los hábitos de conducta diaria requieren, en un primer momento de la intervención, de mucha ayuda por parte de los padres y profesores que controlan el cumplimiento de las conductas (apuntar el deber en la agenda, preparar la mochila, organizar la tarde de deberes, llagar a tiempo al autobús, etc) y establecen, junto con el niño, unas condiciones de cumplimiento que se ajusten a sus posibilidades y necesidades.

Ayudarle a desarrollar un pensamiento auto instruccional de manera que consigan hablarse a sí mismos y guiar su comportamiento por pasos con la ayuda de listados secuenciales para la realización de tareas concretas (ej: preparar la bolsa de gimnasia, organizar la tarde de deberes, ordenar mi habitación, realizar un examen).

El apoyo de los padres y profesores en la mejora de las funciones ejecutivas es fundamental ya que una buena actitud por su parte y comprensión de las necesidades del niño ayuda a su vez a favorecer una actitud positiva de éste y una mayor disposición al cambio. Al verse capaz de conseguir sus objetivos aumenta su autonomía, su motivación y su interés al igual que su autoestima.

 

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