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La empatía en los niños y la sensibilidad hacia el otro.

Somos seres sociales y como tales estamos en continua interacción con los demás de manera que la calidad de nuestras relaciones marcará nuestra felicidad y bienestar presente y futuro. Por ello podemos decir que las habilidades sociales son una pieza fundamental en el desarrollo y satisfacción personal.

La falta de empatía es uno de los motivos de consulta con los que nos encontramos en la práctica clínica, sobretodo en adolescentes. Normalmente son los padres o los profesores los que detectan conductas poco altruistas o prosociales y falta de sensibilidad hacia los demás y sus sentimientos. Las relaciones sociales son conflictivas y tienen como consecuencia la carencia de relaciones cálidas y de amistad tanto en el seno de la familia como en el de los compañeros. Las personas que rodean al adolescente, sobretodo los padres, manifiestan dolor y se sienten poco comprendidos o tratados de forma injusta con el consiguiente distanciamiento emocional.

El niño o adolescente, sin embargo, no percibe esta falta de empatía y “echa balones fuera” culpando a los demás de los conflictos.

Una de las mejores enseñanzas que podemos transmitir a nuestros hijos para favorecer su desarrollo personal es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, comprender sus sentimientos y actuar en consecuencia. Es una capacidad que se puede aprender y transmitir en cualquier etapa educativa y la adolescencia es un momento clave para dar un cambio a esta situación y preparar al chico/a para una vida adulta más equitativa y satisfactoria en el plano de las relaciones sociales.

La empatía implica comprendernos mejor a nosotros mismos ya que entender cómo se siente otra persona (enfadada, triste, frustrada, culpable, alegre, satisfecha, avergonzada) pasa por conocer nuestras propias emociones, identificarlas y experimentarlas. Por lo tanto un primer paso para fomentar la empatía es saber reconocer, identificar y manejar nuestras propias emociones.

 

Ventajas de la empatía:

  • Es un factor fundamental en las habilidades sociales. Las personas empáticas se relacionan mejor con los demás, son más sociables, tienen relaciones más íntimas y estrechas y se comunican de manera más efectiva.
  • Tenemos en cuenta al otro considerándolo como un igual y esa consideración hacia los demás es recíproca.
  • Nos hace personas más confiables de cara a los demás y más queridas.
  • Favorece una buena autoestima y confianza en uno mismo.
  • Disminuye la probabilidad de conductas agresivas y conflictos interpersonales dando equilibrio al adolescente en su vida y en sus relaciones personales.

 

El desarrollo de la empatía se puede facilitar durante toda la infancia mediante mensajes del tipo “¿cómo te sentirías tú en esta situación?”, “¿cómo crees que se siente este niño ante esto que le ha pasado?”, “me he sentido triste en esta situación porque me ha pasado tal cosa”, “¿cómo te sientes?”, ¿Te has enfadado, entristecido, asustado?”, ayudando al niño a reconocer sus emociones y las de los demás. Y también sirviendo de modelo en el reconocimiento y expresión de nuestras emociones.

 

Las pautas que podemos emplear para desarrollar la empatía son:

  • Incluir las emociones en la vida cotidiana del niño de una forma natural favoreciendo su reconocimiento y expresión.
  • Reflexionar con el niño acerca de las emociones propias y ajenas en nuestras conversaciones cotidianas con ellos. Aprovechar cualquier momento de charla cuando nos está contando su día para preguntarle por sus sentimientos y los de los demás.
  • Explicarle los diferentes tipos de emociones que existen y ayudarle a reconocerlos mediante cuentos, historias o en cualquier situación que venga al caso.
  • Hacerle preguntas del tipo ¿cómo te sentirías tu si..”, ¿cómo crees que se ha sentido él/ella?, ¿Qué crees que ha pensado?, ¿Qué harías en su lugar?
  • Hablarle de nuestras emociones y pensamientos en diferentes situaciones.
  • Aprovechar el momento del cuento o cuando estamos viendo una película para hacerle reflexionar sobre las emociones de los personajes, haciendo que se ponga en su lugar y conversando sobre cómo se sentiría y que pensaría.
  • Transmitiendo valores de tolerancia, comprensión, compasión, altruismo, apretura hacia otros puntos de vista, generosidad.
  • Sirviendo de modelos con nuestro comportamiento en la consecución de dichos valores.
  • Enseñarles los distintos puntos de vista que pueden tener varias personas en una misma situación y aceptar que puedan actuar, sentir y pensar de forma diferente.
  • Pasar a la acción: Respetar a los demás y su forma de interpretar una situación. Crear una actitud y comportamiento de ayuda y comprensión hacia los demás.
  • Enseñarles a escuchar a los demás y poner atención a lo que les dicen de una forma respetuosa.
  • Elogiar, validar con nuestros comentarios positivos y prestar atención a las conductas que vayan en la dirección de todos los puntos anteriores.

 

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