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Efectos del consumo de cannabis en la adolescencia.

Los motivos más frecuentes de consulta de pacientes adolescentes son el bajo rendimiento académico, los problemas de conducta en casa y fuera de casa y los problemas de relación con los padres. En algunos de estos casos dichos problemas van acompañados del consumo de cannabis complicando la intervención psicológica y requiriendo pautas para su manejo.

mariguana

En primer lugar realizamos la evaluación del caso en la que haremos una valoración de todos los aspectos que influyen en las diferentes conductas problema sobre las que queremos intervenir (dinámica familiar, estilos parentales, comunicación, hábitos del adolescente, historial académico, autoestima, habilidades sociales, edad del adolescente, manejo de los padres durante la infancia, controlabilidad por parte de los padres de la conducta del adolescente) y también valoraremos el consumo: inicio, motivación para el cambio, frecuencia, duración, cantidad y condiciones del consumo de cannabis. Dependiendo de todos estos factores y de las posibilidades de intervención marcaremos unos objetivos terapéuticos u otros con respecto al consumo que irán desde la retirada total del consumo o abstinencia (la mejor opción pero que en ocasiones no es posible por las circunstancias mencionadas) a la reducción de riesgos limitando el consumo al máximo en la medida de los posible. Un problema que solemos encontrar aquí es que los objetivos terapéuticos del adolescente (disminución del consumo) pueden no coincidir con los de los padres (abstinencia).

El cannabis se extrae de la planta Cannabis sativa, con la que se elaboran el hachís y la marihuana. Sus efectos sobre el cerebro son debidos al Tetrahidrocannabinol o THC, que se encuentra en diferentes proporciones según el preparado utilizado: marihuana (obtenida de la trituración de flores, hojas y tallos secos), hachís (elaborado a partir de la resina almacenada en las flores de la planta hembra), aceite de hachís (resina de hachís disuelta y concentrada).

Según un artículo publicado por Enrrique Echeburúa, catedrático de psicología clínica de la Universidad de Pais Vasco: “el consumo abusivo de cannabis, vinculado frecuentemente a la ingesta de bebidas alcohólicas, constituye un problema de salud pública (Ministerio de Sanidad y Consumo, 2008) y puede ser causa de múltiples alteraciones físicas y psicológicas. Al margen de los síntomas psicopatológicos frecuentes en la intoxicación por cannabis (ideas delirantes paranoides, ataques de pánico, cuadros confusionales, etcétera), el consumo crónico puede generar una disminución del aprendizaje y alteraciones de la memoria a corto plazo, un deterioro en la actividad académica/laboral, pérdida de motivación por el estudio/trabajo, cambios bruscos de humor y síntomas ansioso-depresivos, así como una alteración del sistema inmunológico (Chabrol, Ducongé, Casas, Roura y Carey, 2005)”

Tras el consumo del cannabis se producen los siguientes efectos:

  • Relajación, somnolencia, sensación de lentitud en el paso del tiempo.
  • Desinhibición, alegría desmedida, enrojecimiento ocular.
  • Aumento del ritmo cardíaco y la tensión arterial.
  • Sequedad de boca.
  • Percepción distorsionada.
  • Empeoramiento del tiempo de reacción y de la atención.
  • Dificultades para pensar y solucionar problemas.
  • Dificultad de coordinación.
  • Alteraciones de la memoria y de la concentración.

El THC tiene una vida media aproximada de una semana, lo que significa que, una semana después de consumirlo, el organismo no ha conseguido eliminar más que el 50%. Aunque una persona sólo consuma los fines de semana, no habrá tiempo suficiente para que se elimine completamente y se irá acumulando en su cerebro, produciendo varios de sus efectos.

Investigaciones científicas han demostrado que los efectos negativos de la marihuana en la atención, la memoria y el aprendizaje pueden durar días o semanas después de que los efectos agudos de la droga han pasado, dependiendo del historial de uso de drogas que la persona tenga.

Consecuentemente, alguien que fuma marihuana a diario puede estar funcionando a un nivel intelectual más bajo la mayoría o todo el tiempo. Existe una cantidad considerable de evidencia científica indicando que los estudiantes que fuman marihuana tienen resultados académicos más bajos que los estudiantes que no fuman.

Algunas de las técnicas que empleamos en la intervención son: Que conozca e identifique los efectos y riesgos de la droga que consume. Reconocer cuales son las consecuencias que el consumo tiene en su propia vida para incrementar su motivación en el tratamiento. Toma de decisiones sobre el consumo, cambio de pensamientos con respecto al consumo y sus efectos. Abandonar o reducir el consumo de las drogas. Mantenimiento de periodos libres de consumo o disminución de la cantidad y frecuencia de consumo de la droga. Planificación del tiempo, intervención familiar, automotivación, autorrefuerzo. Técnicas para el control de la ansiedad, autoobservación. Técnicas de autocontrol. Prevención de recaídas.

¿Qué signos pueden estar indicando un consumo en el adolescente?

  • Cambio brusco en el cuidado y aseo personal.
  • Trastornos del sueño con insomnio y/o pesadillas y temblores.
  • Pérdida de peso o apetito excesivo.
  • Disminución del rendimiento escolar o abandono de los estudios.
  • Aislamiento físico, tendencia a aislarse en su habitación.
  • Disminución de la comunicación verbal y afectiva.
  • Empobrecimiento del vocabulario.
  • Abandono de aficiones e intereses.
  • Cambios bruscos de humor.
  • Pérdida de responsabilidad.

Ante la sospecha de consumo es importante intervenir lo antes posible para minimizar al máximo los efectos del mismo mencionados más arriba y restablecer la normalidad en la vida del adolescente ya de por sí susceptible de sufrir cambios y altibajos.

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